¿Por qué en otros municipios sí y en Zafra no?

Con la llegada de las primeras olas de calor, los centros educativos vuelven a enfrentarse a una situación que, desgraciadamente, ya se ha convertido en habitual en Extremadura: aulas con temperaturas insoportables, alumnos agotados y docentes intentando mantener la actividad educativa en condiciones cada vez más difíciles.

Ante esta realidad, la Secretaría General de Educación ya ha remitido instrucciones a los centros educativos indicando posibles medidas organizativas para minimizar los efectos de las altas temperaturas durante este final de curso.

Pero hay un detalle especialmente significativo dentro de esa comunicación oficial.

La propia Consejería reconoce que numerosos centros educativos ya están ejecutando actuaciones de climatización y eficiencia energética gracias a subvenciones públicas impulsadas para mejorar las condiciones de los colegios extremeños. Más de 70 centros ya están desarrollando estas mejoras y otros 130 podrán beneficiarse de una nueva convocatoria dotada con 20,7 millones de euros.

Es decir, mientras algunos ayuntamientos han trabajado para acogerse a estas ayudas y apostar por el bienestar de sus alumnos, otros parecen haberse quedado atrapados en la resignación permanente y en la política de la excusa.

Y, lamentablemente, Zafra parece pertenecer a este segundo grupo.

Aquí se nos transmite que acogerse a estas subvenciones “no es técnicamente posible”. Una afirmación difícil de entender cuando decenas de ayuntamientos extremeños sí han conseguido hacerlo.

La pregunta surge de manera inevitable:
¿qué ocurre en Zafra que no ocurre en el resto?

Porque cuando una administración convierte en imposible aquello que muchos otros municipios sí logran sacar adelante, el problema probablemente no sea técnico, sino de gestión, de voluntad o de prioridad política.

Y por si esto fuera poco, la situación resulta todavía más preocupante cuando conocemos que los extintores de algunos colegios llevan caducados desde 2021 y que, según parece, también resulta enormemente complicado encontrar una fórmula para asumir el coste de su reposición. Vivir para ver.

Pero quizá lo más preocupante es que esta sensación de abandono y dejadez ya no afecta únicamente a los centros educativos. Los ciudadanos de Zafra llevamos demasiado tiempo observando cómo problemas básicos se eternizan también en otros ámbitos especialmente sensibles, como ocurre con la Residencia de Mayores José González Barrero.

Una residencia sobre la que vecinos, familiares y trabajadores vienen denunciando desde hace tiempo carencias, falta de recursos, deficiencias organizativas y una preocupante sensación de abandono institucional hacia nuestros mayores.

Al final, todo parece formar parte del mismo problema:
una administración incapaz de dar respuesta eficaz a cuestiones esenciales que afectan directamente a la dignidad, la seguridad y el bienestar de las personas.

No estamos hablando de proyectos imposibles ni de inversiones extravagantes. Estamos hablando de colegios seguros y climatizados. Estamos hablando de mantener al día unos extintores. Estamos hablando de cuidar con dignidad a nuestros mayores. Cuestiones básicas.

Mientras otros municipios avanzan, solicitan ayudas y mejoran sus servicios públicos, en Zafra seguimos escuchando explicaciones peregrinas sobre por qué aquí no se puede hacer lo que en otros lugares sí se hace.

Y llegados a este punto, la pregunta ya no es solo por qué aquí no se hacen las cosas.

La verdadera pregunta es:
¿esto es incapacidad de gestión… o responde a una determinada forma de entender la política y las prioridades de un gobierno municipal?

Porque cuando el abandono se repite en colegios, en servicios públicos y en la atención a nuestros mayores, resulta legítimo preguntarse si estamos ante simples errores de gestión o ante una preocupante falta de sensibilidad hacia las necesidades reales de la ciudadanía.

Y al final, como casi siempre, quienes pagan las consecuencias son los ciudadanos más vulnerables: nuestros niños y nuestros mayores.

Quizá haya llegado el momento de dejar de buscar excusas y empezar, de una vez por todas, a buscar soluciones.

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